27 ene. 2014

2013, el año en el que Ritzzo se fue

Cuando se adquiere a una mascota ya se sabe que algún día se le dirá adiós, pero tu subconsciente aísla ese dato en tu cabeza pensando que así sufrirás menos. El problema viene cuando un día te enfrentas a esa situación. 

Creo en esa situación te das cuenta de que tan importante es para ti, te das cuenta de la impotencia del ser humano y no puedes hacer nada más que no sea luchar, llorar y resistir junto con el. Te encuentras haciendo cosas que jamás creerías que tuvieras que hacer, sufres viendo la situación y das saltos de alegría en cualquier indicio de mejoría pensando, que quizás, ya no le tendrás que decir adiós...

Sé que habrá alguien que se burle de mi forma de vestir, pues tengo poca ropa y toda es dada por terceras personas hace ya años y, desde que vivo sola, no me he permitido el lujo de comprarme nada nuevo (eso son casi 8 años ya), pero al igual que se burlan ellos por eso, yo me burlo de ellos por su ignorancia. No iré a la última moda o bien vestida, pero eso poco me importa. Lo que me importa es lo que he hecho con todo ese dinero que he ido ganando a costa de mi esfuerzo: puedo asegurar, con toda certeza, que mis animales han vivido como reyes. Han tenido las mejores jaulas, y los mejores juguetes, han ido a un sinfín de sitios y han gozado de la mejor alimentación que actualmente existe para ellos. No exagero cuando digo que casi el 70% de mi anterior sueldo ha sido para ellos.

Y es, gracias a ese esfuerzo, por lo que pude darle a Ritzzo 3 meses más de vida. Juntos pasamos semanas sin apenas dormir; le alimentaba en mi regazo como si fuera un bebe (y a él bien que le gustaba); hicimos rehabilitación y le enseñé a volver a andar; me sentí como una madre limpiando a todas horas "pipi y caca"... Juntos sufrimos y juntos salimos adelante. Y juntos pasamos tres meses más.

Creo que nadie puede asegurar que ha hecho todo lo posible por el animal mientras lo llevas ya sin vida a casa... Yo no pude ni puedo hacerlo, por mucho que familiares, amigos y los veterinarios me lo aseguren aun existe en mi interior ese remordimiento de "seguro que no he hecho todo lo posible".

Ahora pienso que el destino se burló de mi... pasé 2 semanas enseñándole a Ritzzo a volver a andar y luego fui yo la que no pudo andar para ir a su entierro, fui yo la que tardó 2 semanas en poder volver a andar a causa de la extenuación causada por sus últimos días...

Aun recuerdo como si fuera ayer cuando entramos Jose y yo sollozando a casa. Recuerdo como me tumbé, exhausta y sin fuerzas ya, en el sofá y recuerdo ver como él cogía el transportín para llevarse a Ritzzo a su lugar de descanso. Recuerdo el momento en el que me llegaron las fotos de donde lo enterró, y recuerdo ponerme a llorar por la impotencia y la amargura de no poder estar allí, de que mis piernas, que habían hecho todo lo posible por ayudar a Ritzzo, no me permitiesen estar allí en ese momento. 

Hoy hace 6 meses y 7 días que se fue, pero como dicen por ahí, su recuerdo vivirá por siempre.





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